A vuelta de correo |

Mensajes navideños y profetas

Jota, el 25 de Diciembre de 2008.

Resulta que el canal británico Channel 4 es aficionado a realizar una especie de “réplica” al mensaje navideño de la reina Isabel II desde hace unos cuanto años. Pues bien, este año el elegido para realizar este mensaje navideño no es más ni nada menos, que Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán y amigo del plutonio. No me queda más opción que considerar que el motivo por el que han seleccionado a este personaje, tan alejado de los valores occidentales pasa por el más que declarado sensacionalismo imperante en esa gran nación que por ello no deja de haber alimentado la llamada “prensa amarilla”. La respuesta de la jefa de noticias del citado canal, Dorothy Byrne, suena a diplomacia mal disimulada: “Las opiniones del presidente Ahmadineyad, como líder de una de las naciones más poderosas de Oriente Medio, son enormemente influyentes. Nos acercamos a tiempos críticos en las relaciones internacionales, así que ofrecemos a nuestros espectadores una mirada a un punto de vista alternativo” (El Pais.com). Por esa regla de tres que hable Ratzinger, o Michael Jordan, o Maradona…

Como era de esperar, y como estos comunicados están más que pactados y revisados mucho antes de la emisión (hoy a las siete y cuarto hora londinense), ya conocíamos el contenido más jugoso del comunicado. Para haceros una idea a todos aquellos que no hayan leído ni visto nada sobre ello, podríamos resumirlo fácilmente. Los divinos profetas dejaron un camino, y para salir de la crisis hay que seguirlos (vídeo). O lo que es lo mismo un discurso religioso, muy respetuoso eso sí, aunque deja algún recadito entre líneas: “si Cristo estuviera hoy en la tierra, sin duda estaría de parte de la gente en oposición a los poderes tiránicos, malintencionados y expansionistas” (El Mundo.es). En fin, que cada uno saque sus propias conclusiones.

Marca y pierde

Jota, el 17 de Diciembre de 2008.

Ya sea porque tienes que ir a trabajar en horas intempestivas, porque te gusta trasnochar o sufres de insomnio, una de tus opciones, aunque las haya más atractivas, es la de encender la tele. Películas antiguas, de pésima calidad, series ya olvidadas, y en menor medida la teletienda amenizaban alimentándose de la nostalgia y de la desidia, siempre con afán de relleno y sin agravio, las noches de entre semana. O así era hasta que los programadores divisaron una isla del tesoro llamada “llama y gana”. La primera cadena que lo fomentó a nivel nacional ya se me ha borrado de la mente, si no recuerdo mal, el fenómeno comenzó siendo un casposo fenómeno de televisión regional. Pero el asalto nacional no tardó en llegar, y la fiebre del espacio de concurso telefónico que ofrece ingentes cantidades de dinero aparentemente por nada acabó con reposiciones de series, películas antiguas y casi con la teletienda entera ( que es lo único que sobraba). El fenómeno resulta que es internacional, y circulan muchísimos vídeos desde el insulto gratuito hacia el presentador/a perenne, guapos y guapas en el plano hasta la vomitona de una presentadora sueca en directo. Hasta aquí, un ejemplo más de eso que llaman telebasura, que combina lo peor del programa concurso con la necesidad e inocencia de los más humildes, y en ocasiones de los más ignorantes. El procedimiento es sencillo. Enseñan y retardan el premio gordo lo más posible, y cuando creen que han echo suficiente bote, abren una de las líneas telefónicas para una persona.

El problema llega cuando FACUA tiene en su haber más de mil casos de estafa en llamadas a teléfonos 905, los que utilizan estos programas, abanderando a todos ellos el pleito que mantienen un usuario y la compañía ONO por culpa de una supuesta factura de 18.000 llamadas a uno de estos números. Todas las denuncias tienen en común la sucesión de llamadas en cuestión de segundos, lo que obliga a la utilización de una máquina. Se está hablando de “secuestro de línea”, como término que engloba este suceso, que apunta maneras para convertirse en el timo del siglo. Afectados, tienen una página web exclusiva de FACUA. Habrá que esperar, para saber quién está realmente detrás de todo esto.

 

Seguridad y zapatazos

Jota, el 16 de Diciembre de 2008.

Después de la noticia, los múltiples comentarios, los vídeos de youtube y las mil y una parodias y minijuegos como los de yonkis, llega la hora de analizar fríamente el asunto de los zapatos y el “bueno” de Bush. He oído muchas cosas, entre ellas que aquella agresión supuso un fallo de seguridad en toda regla en el gobierno iraquí. Pero ¿no es acaso todo el país un fallo de seguridad en toda regla?. Se habla de una futura retirada en un plazo de dos o tres años. Cuando eso ocurra, George W. Bush será sólo un mal sueño, pero el marrón de cementerios atestados y de guerras civiles, éso, nos lo comeremos los de siempre, los que aún tenemos conciencia.

Pero volvamos al suceso que nos ocupa. Lo cierto es que el tiempo de reacción de las fuerzas de seguridad fue ridículo, al agresor le dio tiempo de tomar el segundo zapato y errar de nuevo el lanzamiento. Pero hay que recordar que la seguridad de este tipo de apariciones y viajes la organiza, como no podía ser de otra manera, el propio gobierno de EEUU. Por otro lado, este señor descalzo es un periodista, extremista, pero periodista, por lo que se cumplió la libertad de expresión. Y sobre todo ¿es previsible una agresión como el lanzamiento violento de zapatos?. Lo único que queda claro en todo esto es la cara de sorpresa y los excelentes reflejos del aún dignatario de EEUU (¿se le puede calificar de esta forma?), y las costillas, la mano rota, las hemorragias internas y la herida en un ojo que reviste el ya conocido agresor, Muntazer al-Zaidi, por causa del interrogatorio. Porque, cuando Amnistía Internacional pide cámaras en los interrogatorios no es por morbo, es para proteger lo poco que se cumple de los derechos humanos. Por el gesto, al-Zaidi se enfrenta a la friolera de entre siete a quince años de cárcel.

Tirar zapatazos es un gesto violento, una agresión, y no debe ni fomentarse ni estar permitido. Pero, ¿a alguien le resulta extraño que hayamos llegado a esta situación? Pues no, la verdad. Venceréis, pero no convenceréis, hasta el absurdo.

 

30 años de Constitución

Jota, el 6 de Diciembre de 2008.

Se cumplen treinta años de la creación de la Constitución Española, y lo cierto es que ya nadie sabe muy bien para qué sirve. ¿Imaginarían los llamados “padres de la constitución” un futuro tal para su texto? Lo cierto es que seguramente ni se les pasaría por la cabeza pensar nada a tan largo plazo, los no lo permitían. Aunque lo importante, se supone, es que está vigente y funciona. ¿O no?. Lo cierto es que en una época como la nuestra en la que el individualismo, la desilusión y la apatía ante la política son las deslucidas insignias de nuestra sociedad, la carta magna funciona como un rodamiento más de la democracia, una pieza clave y aparentemente sagrada e intocable. Tocar la constitución es para algunos posicionamientos ideológicos, el principio del fin. No obstante, ¿debe ser una constitución un texto grabado en piedra, imperturbable sean los que sean los acontecimientos, condicionantes o circunstancias? ¿este texto que hoy celebramos, refleja las necesidades, deberes y derechos de nuestra sociedad de hoy? A tan difícil pregunta, yo propongo que nos la leamos, que a parte de candidatos a oposiciones, la mayoría de los menores de treintaicinco años ni han abierto un ejemplar. No estaría mal, para empezar.

 

Esperanza cero

Jota, el 29 de Noviembre de 2008.

Sí sí, para qué otro lema: “Esperanza cero”. Éste le viene ni que pintado a esa mujer con aspiraciones de gobierno nacional, a la que ya pregonan como “la dama de hierro”, próximo proyecto del indomable José Mari, capaz del humor más fino con aquel chiste de la “sarkozilla”, refiriéndose a la presencia de Zapatero en el controvertido G-20.

Esperanza cero. Cero en gestión, cero en credibilidad, cero en calidad humana. La última de la señora Aguirre es la denegación de una ayuda legítima a una mujer de cuarenta y dos años enferma de cáncer, en el paro y con tres hijos. La señora cumple todos los requisitos, y le corresponden 450 euros, 150 euros por hijo.”¿Y cuántos meses llevan sin percibirla?” se preguntarán algunos. ¿Meses? No señores. Tres años, que se dice pronto, y la última noticia es que la Comunidad de Madrid le manda una cartita comunicándole que no hay dinero para pagarle la ayuda que le corresponde. Vergonzoso es poco, y lo dejo ahí. Normal, si la señora Aguirre no puede pagar la factura de la luz de su casa, como está la vida. Hace más o menos un año, la empresa del metro de Madrid le denegó un puesto de taquillera a una mujer operada de cáncer de mama “alegando incompatibilidad entre sus antecedentes médicos recientes y los requerimientos psicofísicos del puesto” después de haber superado las pruebas de acceso dos veces y presentando certificados médicos de que no tiene dificultades de movilidad en el brazo. Para Maru Menéndez, portavoz socialista de la Asamblea de Madrid, esto es “inadmisible, inaudito y discriminatorio”. Para mí es directamente, y me lo van a permitir, una auténtica putada para una mujer que busca la oportunidad de superar un mal trago de la vida. Luego es fácil aparecer en las fiestas y días contra el cáncer. Si a esto le sumamos sus múltiples privatizaciones de empresas públicas, y sus excelentes gestiones en sanidad (busquen, busquen y lean, que a mí no me apetece mosquearme más).

Cero, Esperanza cero. Como la gestión socialista continúe en caída libre (y nos aturdan con movidas de placas y monjas, e historias del kronen) y a estos señores del PP les den por cambiar de “heredera” de Aznar, que nos defiendan los leones (los del congreso). Seguro que también terminan privatizados, enfermos y sin ayuda.

 

Tercera cultura

CalheR, el 22 de Noviembre de 2008.

Recuerdo, ahora con algo de diversión, una extraña discusión que se formó en una clase de tercer o cuarto curso -en la Licenciatura de Humanidades-, en la que uno de los asistentes afirmaba haberse matriculado en esa carrera para poder «opinar libremente». Según él la ciencia, por ser normativa, metódica y «cuadriculada», no permitía la discrepancia; así, la ciencia era pura episteme, o como él decía: «se sabe o no se sabe», no hay tutía. Por el contrario, las letras le parecían todo lo contrario: no hacía falta saber para hablar. Al tratarse de simple doxa, uno podía hablar de historia, de lengua o de filosofía sin mayor preocupación. Y eso le encantaba. De hecho, se pasaba las clases hablando.

Fue un caso pintoresco, sí, pero no una expresión aislada, aunque dentro de la universidad -¡y en una carrera de «letras»!- uno no espere encontrar opiniones así. En realidad son muchos los que asumen esa distinción letras/ciencias, la cual además de privar a las humanidades de su carácter científico, hacen otro daño más velado: alejan a las ciencias de la sociedad. Aquél simpático señor no sólo pensaba que las letras no podían ser ciencias, sino que las normas científicas no podían pretender ser válidas fuera de sus laboratorios y sus centros de ensayo. Sí, las ciencias son estupendas: producen inventos, curan enfermedades y contribuyen al progreso; pero no pueden enseñarnos nada sobre las cosas que realmente importan. Ciencia y sociedad, no sólo ciencia y religión, son esferas aisladas y contrapuestas.

Contra este acervo de lugares comunes existe una creciente literatura, que en los últimos años está consiguiendo «salir del armario» con aportaciones como las de John Brockman, Edward Wilson, Richard Dawkins, Sam Harris o Steven Pinker, además del desarrollo de las ciencias neurológicas y evolutivas. En España, país, como dice Arcadi Espada, no muy dado a semejantes sensibilidades, un grupo de intelectuales -lo digo por agrupar: en realidad científicos, filósofos, antropólogos…- acaba de lanzar un movimiento que lleva por nombre Cultura 3.0, y que está basado precisamente en esa idea -casi subversiva, como dice Espada- de que las decisiones tomadas en los ámbitos de la política, la economía, la educación, el periodismo, etc, deben estar informadas por el conocimiento científico disponible. Detrás de Cultura 3.0 están periodistas como Arcadi Espada o José Pardina -director de Muy Interesante-, y, siguiendo la distinción de mi simpático compañero de carrera, representantes de las letras, como Teresa Giménez, Robert Redeker o Eduardo Robredo, y de las ciencias, como Manuel Toharia o Ramón Núñez.

El camino es largo, pero me parece que, en los tiempos que corren, pocas causas son a la vez tan hermosas y necesarias.

Mucha suerte.

Sobre Bolonia

CalheR, el 15 de Noviembre de 2008.

El llamado «Proceso de Bolonia» no es la panacea competitiva y modernizadora que vende la Unión Europea. No cabe duda de que en torno a él no ha habido un debate extendido y abierto, como hubiera sido deseable. Como decía hace unos días el rector de la Universidad de Valencia, las gobiernos de la Unión no han hecho mucho esfuerzo por facilitar la información y fomentar el debate. Sin embargo, tampoco lo ha hecho la «comunidad universitaria», que sólo se empezó a movilizar hace un par de años, ¡siete después de la reunión de Bolonia!, cuando algunas universidades españolas llevaban ya años ensayando la «convergencia europea», que por supuesto era ya una realidad consolidada en otros países.

Tal como se dijo en su nacimiento -en 1999-, Bolonia pretendía ser una hoja de ruta que hiciera a las universidades europeas más competitivas -algo que a todas luces necesitan- y uniformes. Por decirlo en la terminología europeísta, Bolonia venía a ser la «unión del conocimiento»; el ECTS, el Euro universitario. Pues bien, lo que más llamativo me está resultando de la reciente oleada de protestas es que nadie parece oponerse a ese objetivo. A nadie le parece mal la unión universitaria europea, el fin más claro y prístino de los establecidos en Bolonia.

noabolonia.jpg Las protestas, al contrario, se centran en lo tangente, cuando no en lo imaginario. No he oído ninguna queja con fundamento sobre la nueva disposición de las carreras en títulos de grado. Los licenciados se quejan de la eliminación de las licenciaturas. Los diplomados, de la supresión de las diplomaturas. Muchos profesores, de la desaparición o la merma que sus disciplinas van a sufrir. Es decir, nadie parece dispuesto a atacar la naturaleza del nuevo sistema de grados, sino, más bien, a defender su terruño. Mal vamos.

La segunda queja es una bestial exageración. Que Bolonia vaya a vender la universidad al capital -como afirman multitud de panfletos y pintadas- o que sólo sirva para la «producción de conocimientos para la industria y la banca» -como afirmaba hace unos días, en El País, José Luís Pardo-, es algo que nadie se ha tomado la molestia de demostrar, lo que resulta alarmante. Por supuesto, como dice Micora, oponer tajantemente el mundo empresarial y el universitario es absurdo. Al fin y al cabo, ¿para qué diablos estudia la gente una carrera, si no es para optar después a un buen empleo? La Universidad no debe perder su independencia ni su empeño reflexivo y crítico, y a poco que ofrezca una formación de calidad no lo perderá; pero, a mi modo de ver, debería poner buena parte de su atención en producir titulados que se puedan incorporar rápidamente al mercado laboral. Ser inútil a las empresas no es el camino más razonable.

Otra acusación no demostrada es esa que afirma que con el ECTS será imposible estudiar y trabajar al mismo tiempo, algo que es directamente falso. Este sistema de trabajo -sobre el que he leído barbaridades- no nace de la nada, sino que es el que se viene usando en buena parte de Europa y en Estados Unidos. No supone una mayor cantidad de trabajo, como suele decirse, sino más bien un cambio en la organización del mismo. Requiere un alumnado más activo y participante, y un trabajo más repartido a lo largo de todo el curso y no «concentrado» en la época de exámenes. Puede que para muchos esto se traduzca efectivamente en más trabajo, pero aprobar asignaturas sin casi ir a clase dedicándoles sólo un par de semanas de estudio intensivo tampoco es el camino.

El asunto de los Másteres Oficiales es más controvertido, y la sustitución de las becas por préstamos (en muy buenas condiciones, eso sí) es un motivo de protesta bastante más razonable. Sin embargo, dicha medida no debería ser directamente achacable a Bolonia, que establece la estructura Grado-Máster-Doctorado pero no dicta reglas para su implantación, y mucho menos directrices sobre becas y ayudas. Si a alguien hay que quejarse de esto, pues, es a nuestro Gobierno, pequeño matiz que, de tenerse en cuenta, estropearía más de una pancarta.

En resumen: el objetivo de unificar las titulaciones europeas me parece estupendo; el nuevo sistema de aprendizaje basado en el ECTS me gusta mucho más que el antiguo, y esto, aunque reconozco que es sólo una opinión, lo digo después de haberlo practicado durante casi cinco años; y aunque me opondría enérgicamente a la privatización de la universidad, me parece que permitir la entrada de la financiación privada y la cooperación con las empresas es algo sustancialmente diferente de privatizarla.

Predicar el odio no es delito

CalheR, el 8 de Noviembre de 2008.

El Tribunal Supremo ha decidido liberal a 15 de los 20 acusados de yihadismo en la llamada Operación Nova. En su sentencia, explica que no se puede condenar a alguien por «predicar el odio al diferente» o hacer proselitismo por la vía de los «desvaríos religiosos».

Es una toma de partido peligrosamente hermosa a favor de la libertad de expresión, y no es mi intención juzgarla ahora. Lo que sí creo que nos deberíamos preguntar, es si realmente deseamos un marco jurídico en el que sea perfectamente legal predicar el odio al diferente pero no quemar fotografías del Rey, reírse del Príncipe, hacer publicidad por medio de imágenes que puedan «herir sensibilidades», o tantos otros ejemplos que estamos hartos de ver.

Mientras la ONU -y cada vez más países occidentales- va cediendo a la pretensión de que la libertad de expresión no pueda utilizarse para ofender los sentimientos religiosos (normalmente, los sentimientos religiosos musulmanes), y mientras las asociaciones defensoras de las minorías -y las no-minorías- no dejan de recordarnos que «no deberíamos tener derecho» a banalizarlas o criticarlas, llega el Tribunal Supremo y dice que predicar el odio no es problema.

No sé vosotros, pero a mí me parece que aquí falla algo.

El discurso de Obama

CalheR, el 5 de Noviembre de 2008.

Y aquí el ejemplo de lo que venía a decir en el post anterior: el discurso de Obama en Chicago, poniendo fin a su campaña y anunciando su presidencia.

El texto, aquí. Gracias a Citoyen y Egócrata por la referencias (de momento todo en inglés, a la espera de que aparezca una traducción).

[Actualización 7-11] Ayer El País reproducía en su versión impresa una traducción del discurso a nuestro idioma. Su versión digital, aquí.

No temáis a la grandeza

CalheR, el 5 de Noviembre de 2008.

Cuando Paul Johnson se propuso publicar un libro que recogiera la historia de los Estados Unidos, recurrió a Shakespeare para escoger la frase que habría de abrirlo. Narrado con tono épico y teleológico, Johnson terminó escribiendo una obra que dá gusto leer, y que lejos de ser el panegírico que parece anunciar su primera línea (“La creación de Estados Unidos es la mayor de las aventuras humanas”), acaba siendo una historia minuciosa, no exenta de interpretaciones polémicas y de críticas racionales.

Johnson es, me parece, el historiador que más se ha dejado impregnar por el espíritu de grandeza norteamericano. Como dice en uno de los primeros capítulos, América fue desde su mismo nacimiento una tierra presta para las «grandes perspectivas», el tipo de proyectos que ya no se podían hacer en la vieja y acotada Europa.

Ese «pensamiento a gran escala» de los americanos no se perdió, y Johnson lo utiliza como hilo conductor para narrar los grandes hitos de su historia nacional. Hitos a los que, de escribirla hoy, habría de añadir otro: que un negro vaya a sentarse en el sillón más importante del país, cuando hace sólo unas décadas no se podría haber sentado en el de un autobús.

Para conseguirlo ha hecho falta una figura carismática y brillante, que ha sabido hacer suyo ese «discurso de la grandeza» que hace ganar y perder elecciones. Los electores americanos, más que negros, blancos, liberales o conservadores, quieren una retórica valiente, planes universales y huidas hacia adelante. Sólo así se entiende que el mismo país que eligió y reeligió a George W. Bush vote ahora con tanta convicción por Obama, sólo siete años después de los trágicos sucesos del 11-S.

En cualquier caso, si algo ha quedado claro es que Estados Unidos no es un país que se puede juzgar a base de tópicos, como tanto nos gusta hacer. Si fueran tan racistas y conservadores como dicen algunos, no habrían votado a Obama. Si fueran tan extraordinariamente demócratas y liberales, como idealizan otros, no habrían confiado en Bush.

Ahora viene la hora de la verdad, el famoso “¿y ahora qué?” que decía Robert Redford en El candidato. Las campañas son el terreno perfecto para el idealismo político, pero ahora toca sentarse en un sillón donde no hay decisiones fáciles. Pase lo que pase, la historia de Obama debería enseñarnos esto: basta de tópicos.